La masacre de las bananeras: una matanza que sí ocurrió

Los soldados dieron 3 minutos a los protestantes y una voz desde la multitud respondió: «Les regalamos esos tres minutos, cabrones», entonces empezó la masacre. La madrugada del 6 de diciembre de 1928, ocurrió uno de los hechos más trágicos en la historia de Colombia, que marcó las luchas obreras en toda la región y es una prueba irrefutable del poder y acciones impunes que cometieron durante décadas grandes compañías norteamericanas. La masacre de las bananeras es una de las cicatrices más grandes en la región y ante el interesado revisionismo histórico que busca reescribir los hechos, conviene recordar la verdad de esta matanza que sí ocurrió.

La masacre de las bananeras: una matanza que sí ocurrió

Obra de Botero, artista colombiano, que rememora los terribles hechos de la Masacre de las Bananeras

A las 10 de la noche no cabía un alma más en la estación de ferrocarril de Ciénaga, Magdalena. Miles de trabajadores de la United Fruit Company, compañía nortamericana asentada en la región, hacían presencia como parte de una huelga en reclamo de beneficios laborales. En la época, el poder de las transnacionales como la United Fruit Company, les permitía mantener a los trabajadores en una situación cercana a la esclavitud y a la vez contar con el apoyo de gobiernos para callar o atacar de manera agresiva cualquier reclamo sindical.

Los trabajadores habían presentado un pliego con 9 peticiones o demandas, algunas de ellas relaticamente sencillas de cumplir ya que no todas estaban atadas al pago, algunos puntos se referían, por ejemplo, a la supresió de comisariatos por verlo como una figura abusiva que en nada beneficiaba a los trabajadores, pero los representantes de la compañía entendieron que dar el brazo a torcer aprobando un solo punto, era una señal de debilidad y apostaban por controlar con fuerza a la masa obrera, como garantía para seguir operando y enriqueciéndose sin obstáculos.

Los nueve puntos del reclamo de los trabajadores a la United Fruit Company, de manera general, se resumen en:

  1. Seguro Colectivo Obligatorio
  2. Reparación por accidentes de trabajo
  3. Habitaciones higiénicas y descanso dominical remunerado
  4. Aumento en 50% de los jornales de los empleados que ganaban menos de 100 pesos mensuales
  5. Supresión de comisariatos
  6. Cesación de préstamos por medio de vales
  7. Pago semanal
  8. Abolición del sistema de contratistas
  9. Mejor servicio hospitalario

Condiciones laborales deprimentes

Los reclamos no eran específica o exclusivamente por un mejor salario, las condiciones generales del trabajo eran terribles y lo acercaban mucho a las condiciones de esclavitud. Para entender estos reclamos deben conocerse las condiciones en que se encontraban los trabajadores. Por ejemplo, el uso de contratistas era una manera de lavarse las manos ante la ley, argumentando que los trabajadores no eran empleados de la United Fruit Company. Ante los reclamos, los representantes argumentaban que «Todos los detalles del trabajo serán de cargo del contratista, y ni el contratista ni sus empleados son empleados de la United Fruit Company».

Los contratistas pagaban con un sistema, al inicio del trabajo daban vales a los trabajadores y al final el resto del pago en efectivo. Pero estos vales solo eran válidos para su uso en pequeños comercios locales donde, a su vez, les restaban entre el 10% y el 35% del valor de los vales, aunque los dueños de los comercios luego los cobraban al 100%.

Los trabajadores dormían en barrancas, su cama era una estera y el colchón hojas de platanos llenas de chinches. por eso muchos preferían colgar sus hamacas (los que tenían una) y así «descansaban» entre 6 y 8 trabajadores en un cuarto de 3 x 3 metros. Igualmente, se les descontaba un 2% del salario por gastos de salud, pero muchos no llegaban al hospital, lejos de la zona de trabajo y los que llegaban siempre recibían sulfato de magnesio y quinina, como una especie de cura general para todo mal.

La respuesta de la United Fruit Company junto al ejército colombiano

A la 1:30 de la madrugada hicieron presencia los soldados, un piquete, bien armado y comandado por el general Carlos Cortés Vargas. Los soldados ya tenían preparada la estrategia y se colocaron de tal manera, que podían abrir fuego contra la multitud y las balas irían en dirección a una zona enmontada detrás de los huelguistas, es decir, iban con orden de prepararse para matar.

Los soldados vinieron desde Barranquilla, el mando del ejército era aliado de la compañía y ante sus planes, sabían que al enviar soldados locales podrían no acatar ordenes de asesinar trabajadores por las relaciones de amistad y lazos que seguramente existían. En total, 300 soldados se apostaron en lugares estratégicos y se prepararon para la orden. Los nidos de ametralladoras se ubicaron para causar daño letal al mayor número de personas rápidamente.

El ejército venía con una orden clara, acabar con la protesta e imponer un toque de queda a toda costa. Una voz entre los militares leyó un pliego donde anunciaban el estado de sitio, con un decreto de toque de queda y pedían a los trabajadores «colaborar y retirarse. La respuesta entre los trabajadores se escuchó con claridad: «Viva la Huelga». La voz militar esta vez les ordenó retirarse o el ejército abriría fuego, dando tres minutos para ello. Otra vez una voz entre los trabajadores respondió con dignidad: «Les regalamos esos tres minutos, cabrones» y empezó la masacre.

Jorge Eliecer Gaitán visita la zona y denuncia la matanza en el congreso colombiano

Ante la gravedad del hecho, de inmediato el general Cortés Vargas, que dirigió la masacre intentó imponer la versión de que aquel día murieron nueve trabajadores, versión refutada no solo por los pobladores presentes, por los sobrevivientes, sino por la embajada de EEUU, quienes indicaron que la cifra estaba sobre los 1000 muertos. Los trabajadores sobrevivientes, aseguran que ese día perdieron entre 3000 y 5000 compañeros bajo la acción de los soldados que, durante 30 segundos continuos, con sus fusiles y desde los nidos de ametralladora, dispararon contra la multitud de más de 10.000 trabajadores.

Con el tiempo, la United Fruit Company cambió de nombre, pasando a llamarse Chiquita Brands. Esta compañía, que hoy es la mayor distribuidora de plátanos en Estados Unidos,  fue multada por 25 millones de dólares en 2007, ante un caso con evidencias de que la compañía pagó millones de dólares a los paramilitares colombianos para despojar a campesinos de sus tierras, con amenazas y masacres. Fue a través de la motosierra que esta compañía logró crecer en Colombia y aun habiendo pagado por sus crímenes comprobados, continúa operando con normalidad.

Gabriel García Márquez retrató la masacre de las bananeras en «Cien Años de Soledad»

Algunos autores ha sabido utilizar su pluma para retratar la historia de Latinoamérica, agregando un reclamo social y defensa de la memoria histórica en sus novelas. Augusto Roa Bastos y Gabriel García Márquez son algunos de estos destacados escritores y en su novela Cien Años de Soledad, Márquez refleja la masacre de las bananeras, con un número de muertos muy similar al anunciado por los sobrevivientes y por Jorge Eliecer Gaitán, quien fue al lugar de los hechos en búsqueda de datos fidedignos, ya que era evidente que al manejar los cadáveres y la escena el ejército que cometió la masacre bajo las órdenes de la United Fruit Company, podían reducir el número de muertos como quisieran.

Hoy, un interesado revisionismo histórico lucha contra todas las evidencias de aquella masacre, incluso apuntando contra Gabriel García Márquez que, aunque habla de la cifra real en su libro, no es historiador ni pretende que su novela sea tomada como fuente real. Los datos reales los dieron los sobrevivientes pero incluso la embajada de EEUU, quizás bajo presión por tratarse de una empresa norteamericana involucrada en semejante masacre, cifró los muertos en más de mil trabajadores, mientras que los revisionistas que alegan «inventos comunistas» pretenden hablar de solo nueve fallecidos en 30 segundos de ráfagas con cientos de soldados y nidos de ametralladoras disparando contra una multitud de más de 10.000 personas.

Esta tarea de manipular la historia es más cuesta arriba por cuanto, ante la presión por las evidencias y testimonios de sobrevivientes, la prensa colombiana en el momento no se atrevió a reducir al número de muertos a los nueve anunciados por el general que dirigió la operación, reduciendo el número a 100 muertos y 238 heridos. Una cifra irreal, pero muy por encima de los nueve que todavía pretenden imponer en la memoria colectiva.

¿Se puede desaparecer la historia real de más de 3000 trabajadores asesinados en la masacre de las bananeras?

No se puede, pero existen trucos de ilusionistas que los grandes medios saben utilizar muy bien. Cuando David Copperfield «desapareció» la Estatua de la Libertad en 1983, lo que hizo fue un truco en varias fases muy parecido a la manera en que los grandes medios de comunicación intentan desaparecer algunas verdades incómodas. La desaparición de la Estatua de la Libertad se realizó de la siguiente manera: 

  • Colocar helicópteros iluminando desde el cielo y un supuesto radar donde se detecta claramente la ubicación de la estatua, para reforzar la idea de que todo se está haciendo con vigilancia y a la vista de todos.
  • Ubicar a la gente en asientos que reposaban sobre una plataforma móvil.
  • Al momento convenido, se coloca un telón sobre la estatua y se apagan las luces. De inmediato, la plataforma móvil junto a las cámaras de televisión comienzan a realizar movimientos imperceptibles para cambiar el ángulo de visión y en poco tiempo, ya no están mirando donde estaba la estatua sino hacia el mar, con un escenario recreado para engañar, pero todo sigue estando oscuro aunque de pronto los helicópteros iluminan el telón (otro telón).
  • Las luces se encienden, son otras luces pero gracias al movimiento de la plataforma y cámaras, más el sistema de luces que son dos columnas gigantescas con focos potentes, la gente presente y el público que mira el video, siente que se encendieron las mismas luces de antes y el telón es el mismo que recubrió la estatua. La verdad es que la estatua real ahora está entre las sombras, convenientemente ocultada tras los gigantescos focos.
  • El punto desaparece del radar y los helicópteros iluminan un espacio vacío. Todos aplauden porque logró desaparecer la estatua de la Libertad.

Durante todo este trance, Copperfield, quien conoce muy bien el arte de la ilusión, ha estado hablando de la importancia de la libertad y los riesgos de perder tan importante elemento para la sociedad, es una narrativa poética que termina de encantar al público, muchos elementos distraen la mente en ese momento, helicópteros, el radar, la voz de Copperfield y por supuesto, las luces. El resto es solo mover la plataforma a un lado y luego, de vuelta al sitio inicial, vuelven las luces y «Reapareció la estatua».

Desapareciendo 3000 muertos

Los ataques contra Gabriel García Márquez, cuando lo etiquetaban como comunista y señalaban el tema de las bananeras en su novela como un invento comunista, es el primer paso del truco, llevar la verdad a la oscuridad, que la gente no vea lo que ocurrió o al verlo, decida no creerlo (que viene a ser lo mismo), es como ocultar la estatua tras un telón. El juego, además incluye el colocar al escritor como objetivo, ya que es más fácil decir que «exageró en su historia», que señalar a los testigos o sobrevivientes que hablaron de casi 5000 muertos como mentirosos.

Luego, nos mueven la plataforma y salen, junto a la versión del general que dirigió la masacre, algunos historiadores que apoyan la versión de los nueve muertos. Estamos mirando a un nuevo ángulo. El encendido de las luces con todos los «estudios que hablan de nueve muertos», llega junto al alegato nacionalista que habla de que «no fue una masacre, sino un intento de rebelión contra el país que se atacó a tiempo». De pronto, los trabajadores que reclamaban sus derechos amenazaban la paz del país, ahí está el discurso poético en defensa de la gente que completa la ecuación de Copperfield.

Lo cierto es que si el truco de David Copperfield solo duró un par de minutos, es porque al extenderlo, se corre el riesgo de que la gente note el engaño. Con el tiempo, se impuso la verdad y hoy es reconocida como una verdad histórica la masacre de las bananeras con sus miles de muertos, trabajadores que solo buscaban justicia y una mejor calidad de vida para ellos y sus familias.

 

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