La historia de una mujer caminando entre los escombros de Paris, cuando aún los estragos de las acciones de los nazis contra la ciudad se percibían e cada calle, se cuenta como una leyenda urbana, una leyenda que permitió a muchos resistir y que se convirtió en un símbolo de resistencia en la ciudad del amor. Marie, su baguette y seis botellas de vino marcaron la vida de muchas personas y de alguna manera, logró reforzar ese espíritu del renacer que permitió a los franceses levantarse.
Marie su baguette y seis botellas de vino Símbolo de fuerza y resiliencia en Paris

Era el año 1945 y en las calles de Paris, mucha gente aún lloraba sus muertos, sus casas o propiedades perdidas, lloraban por su país y su espíritu de libertad. Es en este contexto que esta mujer, Marie, toma un baguette (un pan francés de cerca de un metro de largo), seis botellas de vino y arranca a caminar entre las calles.
¿Su misión?
Darle ánimo a las personas, compartiendo con ellas unas rebanadas de pan y una copa de vino. Este gesto, que técnicamente puede parecer poco importante en términos nutritivos para gente que podría tener días en la calle sin comer, se convierte en un símbolo, ya que en cada brindis, son 3, 4, 5 personas quienes se unen, disfrutan unas rebanadas de pan y toman vino, lo degustan, disfrutan, se desahogan y luego, ella los abraza, se despide y sigue, a compartir con otro grupo de personas.
Las consecuencias de la guerra no se borraban a su paso, las casas seguían destruídas, y quienes perdieron familiares o amigos los seguían extrañando, pero Marie lograba que la gente se animara, verla llegar con su baguette y el vino, compartir un rato, hablar, era como recuperar la esperanza de volver a ser Paris, la gran ciudad que tanto amaban.

¿Quién era Marie exactamente? Un recuerdo alegre de cientos o miles de parisinos de la resistencia o víctimas que caminaban por las calles buscando consuelo luego de perder todo. Como era de esperarse la gente luego la buscaba, no tanto por hambre, necesidad (que sí existía), como por comprobar que era real, muchos solo querían tocar a aquella mujer que se dedicó a levantar el espíritu de los franceses, no sabían su apellido y no era importante, ella era el espíritu de Francia levantándose y ayudando a todos.
Los tiempos más duros pasaron y la mujer mantuvo durante varios meses su costumbre de salir por días enteros a caminar por las calles y compartir su baguette y unas copas de vino con desconocidos que se volvían sus amigos. Esta es una de esas historias bonitas que levantaron el espíritu de la gente cuando la necesitaba. Esas historias que quienes la vivieron las recuerdan y cuentan de por vida, y quienes no la vivieron la toman por una leyenda urbana que igual vale la pena recordar, ya que sirvieron para levantar la moral cuando más lo necesitaba Paris.

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